Roberto Aguilar, el medio pelagato ofuscado

El tercer pelagato volvió a aparecer con una carta al expresidente Rafael Correa en su espacio digital 4Pelagatos (¿quién será el cuarto, que nunca aparece, porque de lo que sé solo son dos y medio?).

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Ese medio pelagato se llama Roberto Aguilar, el que de vez en cuando nomás aparece con su dizque original columna titulada “Estado de propaganda”, luego de meses de no publicar porque es seguro –que lo nieguen quienes lo conocen- que luego de sucesivas sesiones de ingerir ciertas sustancias se hundió en la depresión, se encerró en su cuarto y no salió de allí desde que su admirado jefe José Hernández, el colombiano con complejo de francés, expulsó a una de sus colaboradoras.

Y ahora que vuelve a publicar algo, con su estilo ególatra en el que su texto se vuelve una casa de citas, lo hace para defender al “periodista ético, valiente, esposo ejemplar, padre cariñoso” y otras ternuritas que son falsas, porque el esposo ejemplar estuvo a punto de arruinar su matrimonio cuando era amante de una conocida periodista del mismo medio donde él trabajaba.

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¿Periodista ético y valiente? Habría que preguntarle al director del periódico de donde lo botaron no por presiones del presidente Correa, como asegura el ensimismado Aguilar, sino porque se descubrió a tiempo que se aprestaba a publicar un tuit donde “el periodista ético” ponía un grave insulto, sin justificación alguna, contra el mandatario.

¿Por qué no dice eso el preclaro pensador Roberto Aguilar, que seguramente escribe mientras entre su computador, su teclado y él se va difuminando una nube producida por el consumo de algo que se parece a un cigarrillo normal pero que en realidad es una hierba medicinal que lo vuelve un ser superior?

Aguilar, al igual que su ídolo colombiano, al cual suele citarlo como “el mejor editor general que haya pasado por el Ecuador” (pero que fracasó en El Comercio, en Expreso, en Vanguardia y en diario Hoy), coloca en su texto frases de personajes y escritores ilustres para impresionar a sus lectores y para, supuestamente, denostar al expresidente Correa poniéndose en un plano superior cuando tres veces habla de autores “que seguramente Correa no ha leído”.

Así de ejemplares son los 3Chiflados, perdón, los 4Pelagatos, cada uno con sus taras, sus complejos de superioridad, sus vicios, sus arrogancias, sus mitomanías, sus vasallajes a cierta organización estadounidense a la que van a rendir cuentas cada seis meses.

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Tripa Mishqui podría decir muchas cosas de la vida personal de cada uno de los 3Chiflados, pero no corresponde a un espacio como estos.

El debate con los ilustres acomplejados es político, aunque es triste debatir con individuos ensimismados como Aguilar, quien parece que por fin despertó de una de sus largas pesadillas y de sus delirium tremens luego de la derrota de otro de sus ídolos, el banquero Guillermo Lasso, y aún no alcanza a comprender que el Ecuador tiene un nuevo presidente que se llama Lenín Moreno y pertenece a las filas de Alianza PAIS, movimiento al que tanto odia porque no lo tomaron en cuenta como escritor de discursos.

Aguilar, todavía mareado como producto de sus vicios escondidos, asegura que “Correa ordenará a los jueces que condenen a Pallares”, como si el expresidente aún fuera Jefe de Estado y como si él tuviera pruebas de que el exmandatario influía directamente sobre los magistrados que estudian los casos y sentencian.

Y como muchos juzgan viéndose al espejo, se atreve a decir que Rafael Correa se está enriqueciendo con las indemnizaciones que obtiene por ganar los juicios, como si no supiera (no debe saberlo, porque seguro que entre sus múltiples y elevadas lecturas filosóficas no habrá leído el Código Integral Penal) que cuando se plantea un juicio por calumnia o difamación, es el juez (como lo pide en su demanda el expresidente) quien determina el monto de la compensación, que puede ser de un centavo de dólar a lo que se le disponga la autoridad judicial.

Triste el regreso de Aguilar, que en esta “carta a Correa” pretende dictar cátedra de honestidad, ética, amor familiar y periodismo valiente.

Los 4Pelagatos, que en realidad son dos y medio, pues Aguilar aparece solo cuando está sobriamente despierto, cada vez se vuelven más distantes de la realidad porque aún les duele la derrota de la derecha banquera y fascista que ya se creía victoriosa y ya veía que los millones de dólares del Estado sería para los negociados de “las empresas privadas que crean trabajo y son el motor del país”.

Citemos pues, a María Moliner, a quien Aguilar no habrá leído porque el libro de Moliner es un manual de cómo se deben definir las palabras correctas:

Ofuscación: “Turbación que padece la vista por un reflejo grande de luz que da en los ojos”. Y añade, en sentido figurado, “oscuridad de la razón que confunde las ideas”.

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