PALLARES, VÍCTIMA DE SUS VÍSCERAS

pallaresEl seudoperiodista Martín Pallares se apresta a declarar en un juicio en su contra iniciado por el expresidente de la República, Rafael Correa, quien lo acusa de haber proferido expresiones en descrédito y deshonra en su contra en un artículo publicado en el portal 4Pelagatos en abril de 2017.

Pallares, por estos días, se ha ido de viaje a los Estados Unidos y ha prometido regresar para afrontar la demanda, pero las razones del viaje nadie lo sabe y despierta muchas sospechas: ¿Qué hace en los Estados Unidos?, ¿Quién le paga el viaje? ¿A quién fue a dar rendición de cuentas? ¿Qué asesor lo esperaba allá para diseñar la estrategia de defensa? ¿Están la CIA o la USAID financiándolo?

Con escribir un tuit en el que funge de valiente y de víctima y decir que pronto regresará, desafiando al expresidente a “que no se arruge” (sic) -en lugar de escribir correctamente “que no se arrugue”-, Pallares pretende ganar la simpatía de todos los odiadores del expresidente, quien lo único que hace en este caso, como cuando ha correspondido en otros similares, es defender su reputación.

Pallares está a punto de ir a la cárcel por culpa de sus vísceras, que son la que lo inspiran para escribir sandeces, inventos, insultos, ofensas y agresiones verbales a todo aquel que no piensa como él pero, sobre todo, en contra del exprimer mandatario, de quien, como solía bromear Rafael Correa, parecía estar enamorado porque hablar sobre él era su obsesión.

Según el artículo 396, numeral 1 del Código Penal, Pallares sería sancionado con pena privativa de libertad de 15 a 30 días, y es poco frente al daño que hace cada vez que publica sus burdas reflexiones y sus despistados “análisis” que no dan pie con bola pero que hieren la susceptibilidad de las personas con honor, como es el expresidente de la República.

Pallares, entre tanto, hasta esta fecha no vuelve de Estados Unidos y no ha escrito ningún tuit porque seguramente estará muy ocupado solicitando apoyo judicial a los gringos que lo auspician y que le pagan.

El seudoperiodista, nieto del gran maestro de la cultura, Benjamín Carrión, no heredó ni una neurona de su abuelo, quien era militante de izquierda y fue candidato a la vicepresidencia en una fórmula revolucionaria (Parra-Carrión) que, lamentablemente, no obtuvo en aquellos años una votación mayoritaria.

Por toda esa contradicción que le viene desde la cuna, Pallares tendrá que ir tras las rejas, si el juez lo dispone así, y deberá pagar al expresidente Correa una indemnización civil en el monto que la autoridad judicial lo considere pertinente.

Rafael Correa, en su alegato, afirma que Pallares “se refiere a mi persona con expresiones que afectan mi honor, acusándome de actos que riñen con la ley y la moral y al hacerlo, además, utiliza un medio de comunicación que evidencia la intención dolosa de causarme daño”.

La respuesta de Pallares, el día que se fue corriendo a los Estados Unidos en un misterioso viaje, escribió aquel tuit que decía: “Díganle a Correa que me voy a una boda… Pero que yo sí regreso. Para verlo en la audiencia. Y que no arruge y vaya”.

Pallares, sin querer queriendo, se compara con el prófugo Pedro Delgado, quien también dijo que se iba a una boda en Miami cuando el expresidente Correa, en ese entonces en ejercicio de sus funciones, lo sacó del Gobierno y Delgado huyó del país.

La comparación, tómese en cuenta, no la hace nadie más que Pallares, lo que quiere decir que también se considera “perseguido y víctima”, como hicieron creer de Delgado las Hinostrozas y las Ticonos y los Boscanes cuando fueron raudos a entrevistar a Delgado en tiempos electorales para que ataque al Gobierno y tratar de favorecer al banquero candidato que a pesar de los millones invertidos en la prensa mercenaria perdió los comicios frente al actual presidente, Lenín Moreno.

Pallares no es víctima de persecución de nadie, como tratan de hacerlo ver los medios y los periodistas que claman justicia por el presunto perseguido por la ley.

Pallares solo es víctima de sus vísceras, a las cuales debería controlar ya que son las que reemplazan a su cerebro.

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