Monseñor Arellano, calladito estaba mejor

Debutó mal el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), el exobispo vicario apostólico de Esmeraldas, Eugenio Arellano Fernández, nacido en 1944, se atrevió a “condenar” que el presidente de la República, Rafael Correa, y el movimiento Alianza PAIS, “hayan creado un partido único”.

Y, según lo que ha dicho Arellano, ese es uno de los problemas que tiene el país: el partido único.

Las preguntas para Arellano son una cascada, si los periodistas de los medios tuvieran alguna conciencia de la realidad y no fueran cómplices de los descabellados discursos de la extrema derecha. Por ejemplo:

¿En qué país vive, señor obispo?

¿Dónde leyó que el en Ecuador existe un “partido único”?

¿No se enteró que en las recientes elecciones presidenciales hubo ocho candidatos de distintos partidos políticos con un abanico de ideologías, desde la extrema derecha bancaria del Opus Dei, con el amigo del obispo, Guillermo Lasso, hasta la izquierda, que ganó los comicios con el presidente electo Lenin Moreno Garcés?

No, parecería que no. O que, en términos populares, Arellano decidió hacerse el loco y convencer a los feligreses católicos, que cada son menos en el Ecuador, de que si Lenín Moreno ganó fue porque existe un “partido único”.

¿O será que este obispo está pensando en su país de origen, donde el corrupto Partido Popular, dirigido por Aznar, el amigo de su amigo Lasso, se unió con el otro movimiento corrupto, el Partido Socialista Obrero Español, para seguir controlando a España y esquilmando los pocos recursos que le quedan a una nación que hace apenas 20 años era un ejemplo de crecimiento económico en Europa y en el mundo?

Español nacido en 1944 y nacionalizado ecuatoriano, por alguna conveniencia oscura, como ha sucedido con otras “eminencias” que han ocupado, sobre todo, el Arzobispado de Guayaquil, y que se han juntado con los dirigentes socialcristianos para controlar nuestro país desde los balcones y los púlpitos, Arellano es el nuevo presidente de la CEE luego de que Fausto Trávez, arzobispo de Quito, concluyera su nombramiento para tres años.

Si bien la asamblea plenaria de los obispos expresó en un comunicado su “estima y respeto a las autoridades elegidas tanto para la Presidencia y Vicepresidencia de la República, como para la Asamblea Nacional”, cuando Arellano fue entrevistado por los medios comerciales y los reporteros sumisos de las líneas de extrema derecha de esos medios, se permitió opinar tamaño ladrillo conceptual que se le debe haber ocurrido para simular que la CEE está con el pueblo y no con el poder.

Lo que Arellano no se da cuenta es que la CEE ha sido un poder fáctico desde hace décadas. Que en los momentos de mayor crisis en el Ecuador, por ejemplos en las caídas de los presidentes y en el feriado bancario, de su bendecido Yamil Mahuad, en 1999, hasta se atrevió a pedir “resignación y fe” a los católicos y el país y aceptar las “duras medidas que ha tocado tomar para recuperar la estabilidad del país”.

Larrea Holguín, Bernardino Echeverría, Arregui, entre otros, son la antípoda de sacerdotes gigantes, comprometidos con el pueblo y que dieron su vida por él, como monseñor Leonidas Proaño y Alberto Luna Tobar, entre los más destacados.

Como si no existiera en el país plena libertad de expresión, Arellano también dijo que “desea promover un clima de diálogo que aqcoja las opiniones y las propuestas de todos los ciudadanos y que en este renovado clima social encontrarán su propio cauce los anhelos de cambio y libertad”.

No, monseñor Arellano, la verdad es que calladito estaba mejor, por ejemplo cuando pocos ecuatorianos nos dábamos cuenta de que como obispo de Esmeraldas fue permitir que sus feligreses aceptaran la pobreza, la miseria y la falta de servicios básicos como designios divinos y no como inoperancia y corrupción de las autoridades seccionales donde el MPD (hoy convertido en UP) ha gobernado durante más de 16 años la capital esmeraldeña y la provincia verde?

Cuando habla de “los anhelos de cambio y libertad” en un tono aparentemente conciliador, pero en realidad ambiguo, porque en realidad expresa el discurso del banquero perdedor y su violento binomio, ¿a qué cambio y libertad se refiere? ¿Al que ahora gozamos los ecuatorianos o al que los jerarcas de la iglesia católica bendecían y sostenían, como ocurrió con todos los presidentes y gobiernos de la partidocracia?

¿Cree Arellano que nos tragaremos el cuento de que la cercanía de la CEE con el nefasto León Febres Cordero (a quien el papa Juan Pablo II, en su visita de 1985, le dio la comunión) mientras afuera se perseguía, torturaba y asesinaba a los más radicales opositores a ese régimen?

No, obispo Arellano. Tiene que despertar, salir a las calles, a los pueblos, a las ciudades. Debe visitar los hospitales, recorrer las carreteras en sus lujosos vehículos, acudir a las Unidades Educativas del Milenio, mirar cómo la pobreza va disminuyendo de a poco, esa pobreza de que ustedes, con su discurso de la resignación, mantenían vigente.

Haga callar a los miembros de la CEE que aún lamentan, en silencio, la derrota de la extrema derecha y del Opus Dei.

Ya basta del discurso con el inició usted su mandato (un mandato a dedo, de paso, porque a usted no lo eligen los feligreses ni el pueblo católico, sino sus colegas obispos) de que “Ecuador tiene el pleno derecho de conocer la verdad”.

¿Cuál verdad, señor obispo? ¿La verdad de Lasso y Páez, que en realidad, esa sí, ha sido un fraude y una profunda decepción para sus exsimpatizantes.

Si como usted dice “la paz está en peligro”, frase que tampoco sabemos de dónde le salió porque el país este momento goza de armonía y gran expectativa por el giro moderado que le ha dado Lenín Moreno a su futura gestión, aquello se debe a que usted y sus colegas, desde los púlpitos, destilan amargura por los diez años que un gran presidente como Rafael Correa no solo que hizo grandes obras y transformó al Ecuador, sino que frenó a todos los poderes fácticos, entre ellos el de ustedes, que hacían del país lo que les daba la santa gana.

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One thought on “Monseñor Arellano, calladito estaba mejor

  1. Es triste, lamentable y peligroso que Lenin Moreno le preste oidos a quien historicamente ha sido, es y sera alcahuete, aguatero y mouthpiece de la partidocracia. Lo que realmente preocupa es que Lenin ha mantenido silencio y no ha denunciado o por lo menos rechazado las absurdas declaraciones del susodicho monseñor Arellano. ¿Es esta otra de las idioteces de Lenin Moreno?.

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