Lasso, el pésimo alumno de Nebot

Y ni así: ¿alguien ha visto el título de bachiller de Lasso? ¿En qué colegio estudió? ¿Cuáles fueron sus calificaciones? ¿En qué materias, como pasaba en aquellos viejos tiempos, se quedó suspenso o aplazado?
Tripa Mishqui pone en duda todo eso porque nadie sabe cómo un colegial que dice trabajar desde los 14 años pudo obtener el título de bachiller.

¿Quizás comprándolo, como quiso hacer con la Presidencia de la República?

¿Quizás dejándose ayudar de los parientes, como cuando su cuñado le regaló el Banco Guayaquil?

¿Quizás contratando a alguien que le diera haciendo los deberes, como hizo con su concuñado y con el inefable Monge, que orgulloso decía que su Consejo Nacional Electoral paralelo era mejor que el CNE original y, al final, resultó estafando a su jefe con 4 millones de dólares?

¿Quizás comprando a los medios y a los periodistas pasándoles jugosos cheques mensuales para que hablen bien de él, para que lo inviten, como hacía Pinoargote en Ecuavisa, al menos dos veces semanales a Contacto Directo, o para que repitan como loros que “Lo mejor está por venir”, lo cual sí fue cierto, pero en referencia a Lenín Moreno, no al que pagaba frases que creía lo favorecerían?

¿Quizás auspiciando a la Selección Nacional de Fútbol que participa en el premundial Rusia 2018 y que, por si los lectores no se han dado cuenta, no gana ni un partido desde que el Banco Guayaquil entró a ser su mecenas?

Suena ridículo cuando lo llaman “el líder indiscutible del 49 por ciento de los ecuatorianos” periodistas lambones como Pallares, como Carrión, como Vivanco, como Hinostrosa, como el mismo Pinoargote, como Expreso, como El Universo, como El Comercio, como Canal Uno y como tantos que reciben beneficios directos o indirectos de Lasso o del Banco Guayaquil .

Y más ridículo suena cuando su compadre ideológico Jaime Nebot aparece en una cadena nacional de Facebook para explicar a Lasso y a sus secuaces, por enésima vez, que no acepta que le llamen traidor de la derecha guayaquileña o de la derecha de Samborondón porque no convocó a una marcha masiva en contra del supuesto fraude que nadie de la empresa electoral CREO pudo demostrar: ni Lasso ni sus serviles Caicedo y Monge ni su violento y enloquecido compañero de papeleta Andrés Páez ni el rey de las encuestas pagadas y torcidas, Polibio Córdova.

Nebot ha dicho cuatro veces, públicamente, y este miércoles no pudo ser más claro en su aparición en Facebook, que no hubo fraude electoral porque sencillamente Lasso no lo pudo demostrar, pese, como dijo él, a que “tenía una montaña de actas adulteradas” en las cajas livianas, por vacías, que llevaba de un lado para otro diciendo que le han hecho fraude cuando el único fraude lo quiso hacer él con Ecuavisa, Alfonso Espinosa de los Monteros, Polibio Córdova, Andrea Baer  y el fastuoso anuncio de que habían ganado la Presidencia de la República, pero solo según Cedatos.

Nebot le ha dado a Lasso lecciones básicas de cómo hacer política. De derecha, contra el Socialismo del Siglo XXI, contra los presidentes Rafael Correa o Lenín Moreno, pero de hacer política.
Como a bobitos, Nebot les ha tenido que explicar que no hubo fraude. Porque si hubo fraude simplemente debieron demostrarlo.

Pero con tantas declaraciones que ha hecho Nebot, Lasso y sus secuaces (los que, ellos sí, le robaron un montón de votos potenciales al jefe con sus manipuladas encuestas y su inútil CNE paralelo de 4 millones de dólares) no logran entender por qué perdieron.

Nebot les dice que perdieron porque no se acercaron nunca al pueblo y que es absurdo que ahora acusen a Nebot de no haber sacado 300 mil personas a “defender la victoria”.

Nebot, exagerado también, afirma que él es capaz de convocar a todo Guayaquil (¿no será a todo Samborondón y la isla Mocolí?) pero cuando haya razón de protestar y de rebelarse.

Pero Lasso no entiende. En su intimidad seguirá pensando que lo robaron y no queda duda que es el Álvaro Noboa del siglo XXI.

El Nuevo Alvarito no entiende a Nebot y Nebot debe estar neurótico de tener que explicarle a Lasso lo que pasó el 2 de abril. Sencillo: ese domingo ganó Lenin Moreno.

Lasso, que ni siquiera exhibe al país su título de bachiller, lo único que ha estudiado es cómo sacar más plata a sus clientes gracias a que le cayó del cielo un banco al cual él como Superministro de Jamil Mahuad el Nefasto fortaleció con leyes que luego le favorecieron haciéndose nombrar presidente de la tan poco ilustre entidad bancaria.

Así que, aunque discrepemos con Nebot, hay que reconocer su esfuerzo inútil de explicarle a Lasso por que perdió, por qué no lo apoyó y, lo más grave, por qué se inventó un fraude electoral que nunca ocurrió.

Lo que Nebot parece tratar de decirle a Lasso, sin ser explícito, es que el único fraude que hubo en las elecciones es el que le hicieron sus propios lugartenientes, a los cuales debería investigar.

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