Las fanáticas plegarias por el divino Lasso

Si con Alvarito Noboa y sus shows religioso-electorales pensábamos que lo habíamos visto todo, estábamos muy equivocados.

¿Recuerdan al excandidato bananero adoptando la misma pose del Divino Niño y proclamando a las masas que él es el representante de esta imagen en la Tierra?

¿Recuerdan al excandidato bananero arrodillado sobre los tablones de las tarimas pidiendo su voto a los ciudadanos, que más que ir a verlo como aspirante a mandatario iban a mirar el espectáculo del presidenciable más histriónico después del imbatible Abdalá Bucaram?

Pero ni siquiera lo que hacía Bucaram cuando bailaba El Rock de la Cárcel con señoritas de dudosa procedencia y cantaba baladas de amor creyéndose el vocalista principal de Los Iracundos se iguala a lo que está ocurriendo hoy, en este mismo rato, cuando un grupúsculo de peluconas de la segunda edad se arrodillan en la acera junto al Consejo Nacional Electoral (CNE), miran al cielo, gritan proclamas aprendidas en sus lavados de cerebro en las sesiones del Opus Dei y piden a Dios que recuente los votos para ver si hace el milagro de virar la votación a favor del ya contundente perdedor Guillermo Lasso.

Los ciudadanos que en forma inocente pasan por la avenida Seis de Diciembre y calle Bosmediano, donde está la sede nacional del CNE en Quito, se detienen a mirar cómo aquel grupúsculo entra en trance, cierra los ojos y pide que bajen los ángeles especializados en reconteo de votos para hacer el milagro.

Los curiosos se quedan unos momentos allí y no pueden creer lo que ven: escenas que quedan cortas si las comparamos con películas como El Exorcista o Los Muertos Vivientes.

Y esos curiosos intentan preguntar si el edificio del CNE se ha convertido en una nueva iglesia, talvez La Del Último Milagro De los Reconteos, pero raídamente son agredidos por los delincuentes contratados por los dirigentes de CREO para sembrar el caos en Quito y cuyos objetivos son obligar al que pase a pie a gritar fraude o a los que pasan en auto a pitar al menos tres veces seguidas como apoyo.

Esa mezcla de adoradores e idólatras, confundida con delincuentes y con los picapedreros del exMPD, hoy convertido en Unidad Popular, es la que está tratando de que los quiteños, cansados de tanto caos, pidan a la Divina Providencia o, mejor, al CNE, que entregue el poder un ratito a Lasso para que lo acaricie como si fuera el becerro de oro creado y confeccionado en las oficinas de la encuestadora Cedatos y sacado brillo en el set de Ecuavisa con sus sumos sacerdotes el Beato Alfonso Espinosa de los Banqueros y San Alfredo Pinoargote de las Mercedes.

Mamiticos, celebrando durante tres horas el domingo el triunfo de un candidato perdedor.

Así como lo leen: celebrando durante tres horas el domingo el triunfo de un candidato perdedor al que el hechizo de un cheque de medio millón de dólares convirtió en presidente por tres horas al que jamás estuvo adelante del presidente electo Lenín Moreno, en ningún reconteo y en ningún momento, como lo han denunciado los mismos empleados de Cedatos.

Las pregoneras y plañideras que se arrodillan en la calle tendrán que someterse a masajes y curaciones en Miami, donde muchas de ellas residen o tienen parientes, pues con seguridad recibirán un bono de solidaridad opusdeana por elevar sus plegarias a un Dios que desde el cielo debe estar riendo a mandíbula batiente escuchando las estridencias de las mujeres que hacen un peor papel que las bailarinas que acompañaban a Bucaram en sus shows tarimeros por todo el país.

Qué decir de las que también ofrecen entregar su alma por Polibio Córdova, el empleado del mes del Banco Guayaquil, quien debe estar tan confundido entre las cifras falsas que divulgó y las cifras reales que él perfectamente conocía y que ahora, para evitar que sus huesos terminen en la cárcel, testigos afirman que en la mañana de este viernes él mismo y sus empleados de confianza quemaban todos los documentos y borraban todas las evidencias de sus computadores y sus discos duros ante la inminente acción de la Fiscalía para investigar a uno de los grandes culpables del caos en que se quiere sumir a Quito.

Qué pena por Abdalá y por Alvarito. Eran los reyes del ridículo “nacional y internacional” hasta que llegaron el banquero perdedor y el fascista con sus cajas vacías a decir que han abandonado el Opus Dei (en el caso de Lasso) y los lujosos bares quiteños (en el caso de Páez) para convertirse en los sumos predicadores de la Iglesia Del Último Milagro De los Reconteos.

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