Lasso, el dios del dinero y la violencia

El candidato que posee 49 empresas offshore, un banco en Panamá y otro en el Ecuador se confiesa piadoso, creyente, católico, apostólico y romano.

Sus hordas ahora lo llaman “el elegido de Dios” para dizque salvar al país de que los pobres sigan mejorando su nivel de vida gracias a lo que han obtenido en los últimos diez años.

Pero eso es una mentira, un sacrilegio, un pecado mortal en contra de Dios, nuestro Padre y Señor.

Porque Dios, que es justo y cuyo hijo Jesucristo predicó en favor de los pobres y dio su vida por ellos, no puede haber “elegido” a un individuo millonario, tramposo y violento como Guillermo Lasso para ser el nuevo presidente del Ecuador.

Adjudicarse ese destino divino no es un acto de religiosidad sino de prepotencia.

Hacer terrorismo en las redes sociales pagando miles de dólares diarios a gigantescos equipos de trolls para que atemoricen a la población no es un acto de solidaridad sino de violencia.

Difundir mentiras, calumnias y agravios en contra de quienes no están con CREO y con el retardatario y cavernícola proyecto político del Opus Dei, al que representa Lasso, no es un acto de piedad cristiana sino de guerra verbal.

Despreciar a los pobres porque, según Lasso y sus secuaces, “no entienden que quien les da trabajo  para sobrevivir” son los empresarios y a los multimillonarios, no es un acto de compasión sino de ceguera y fanatismo: para los ricos, el capital es más importante que el ser humano.

Propagar la idea de que Lasso representa “el cambio” es una farsa que contradice los principios católicos, porque quien hundió al país en la crisis fue él, como uno de los principales banqueros corruptos que luego de ser funcionarios del nefasto régimen de Mahuad dejaron listo el camino para favorecerse ellos mismos.

Prometer que todo será paz y trabajo y progreso si ganara Lasso es una infamia, porque fueron los banqueros ecuatorianos los que crearon el dolor, la tragedia, la incertidumbre y la soledad cuando dejaron sin empleo y estafaron con el feriado bancario a más de dos millones de ecuatorianos que tuvieron que irse muy lejos a buscar una manera de sobrevivir.

Afirmar que Lasso ganará las elecciones, lo cual de ninguna manera ocurrirá en la realidad, es hablar de que el país se irá para atrás. Los pobres volverán a pagar por una educación mediocre para sus hijos. Los pobres volverán a pagar la atención médica y las medicinas. Los pobres tendrán que aceptar cualquier trabajo en las condiciones más precarias, sin seguro social ni estabilidad laboral. Eso tiene un nombre: pecado social.

Generar pánico en la población difundiendo la idea de que supuestamente Lenín hará fraude es una vileza que no empata con la ética religiosa, porque en verdad son las hordas, los bárbaros y los millones de dólares de Lasso los que quieren arrebatarle a la fuerza el poder a las mayorías para recuperar el control del Estado y poner en vigencia leyes en contra del pueblo.

Comprar a la prensa mercantilista, a los periodistas deshonestos y a los personajes populares con millones de dólares en publicidad y miles en pagos para que digan que votarán por Lasso es lo más perverso que puede hacer un supuesto “elegido de Dios” para asaltar el poder político y sentarse en el sillón presidencial.

Amenazar con “incendiar Quito” si Lasso no gana las elecciones de este domingo es un acto demoníaco y vil, porque un creyente no puede querer que su ciudad y su país se transformen en un infierno y que se enfrenten unos hermanos con otros.

Despreciar a los hermanos afro y acusarlos de ser “terroristas venezolanos y cubanos” o menospreciarlos diciendo que “esa gente” no tiene condiciones económicas para comprar una entrada para ir al estadio, es mostrar el verdadero rostro de quien pide los votos a los pobres para explotarlos, robarles y hundirlos en la miseria si la prepotencia lograra llegar al poder.

Pero ninguna de esas mentiras, calumnias e infamias detendrán al pueblo que quiere continuar con un profundo proyecto de grandes transformaciones sociales.

Un pueblo que hace diez años despertó de sus pesadillas y empezó a darse cuenta de que sí era posible otro Ecuador.

Un pueblo que comenzó a vivir un proceso donde se lo trata como ser humano, que recibe educación gratuita de excelencia y atención médica de calidad y calidez, que ya disfruta de los beneficios de grandes obras de infraestructura, que se enorgullece de pertenecer a un país dotado de carreteras de primer orden, de agua potable y luz eléctrica para todos, de obras para los cantones y parroquias más alejadas.

Un pueblo que comprendió que solamente con su lucha individual y colectiva y con su apoyo a líderes solidarios y de gran corazón ya es parte de la transformación del Ecuador.

Un pueblo que tiene la certeza de que es necesario enterrar para siempre a los que tienen como dioses a la violencia y al dinero. Y que esto se hará en los próximos cuatro años gracias a la gestión de Lenín, el candidato ganador.

Es lo que nuestro Padre, desde el cielo, estará deseando para todos los ecuatorianos que rechazan a los adoradores de dioses falsos como el dinero y la violencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s