El Miche, ¿hombre del pueblo?

Basta que Carlos Michelena sea uno de los entrevistados permanentes de Janeth Hinostroza para sospechar que él no es tan inocente ni tan “del pueblo” ni tan de los “rulimanes” ni tan pobrecito como finge ser.

Hace años, cuando se declaraba “anarquista”, nadie lo invitaba a los medios de comunicación, hasta el día en que uno de los canales de los banqueros Isaías, Gama TV, lo incluyó en su elenco del noticiero de la noche, en donde le daban un espacio diario para que bromeara sobre la política y los políticos.

“El Miche”, entonces, no es tan del pueblo como parece. Años atrás hizo una serie de presentaciones y de spots publicitarios a nombre de un candidato a alcalde de Quito, Federico Pérez, identificado con la más rancia aristocracia quiteña.

¿Puede un “hombre del pueblo” ser al mismo tiempo anarquista e identificarse (y recibir dinero como pago por su trabajo) con un mediocre candidato de la extrema derecha?

Por supuesto que no.

Lo que “El Miche” hace en El Ejido, por tanto, no es lo que parece. Suele decir, como parte de sus repetidas y monótonas bromas en el parque, que su “único sueldo” son las monedas que recibe de la gente que le hace un círculo y ríe con sus ocurrencias.

Pero no es así. Si nos ponemos a indagar cuáles son sus verdaderos ingresos por presentaciones que hace aparte de sus apariciones en El Ejido, veremos que solamente en el 2015 percibió de ingresos anuales más de 75 mil dólares y pagó casi 6 mil por impuesto a la renta.

¿Ese es un “hombre del pueblo”? ¿Un “hombre del pueblo” recibe un promedio de más de 6 mil dólares mensuales? ¿De quién? ¿De dónde?

¿No será por eso que justo esta semana fue “agredido” en El Ejido por un supuesto “joven de Alianza PAIS entrenado en Cuba”?

¿No será por eso que provocó a un humilde hombre de la tercera edad, que deambulaba por El Ejido pero que se molestó porque Michelena era quien, con sus chistes repetidos, burdos y groseros, se burlaba del candidato ganador, Lenin Moreno, incluso realizando gestos con los que imitaba la silla de ruedas donde se moviliza el aspirante presidencial porque recibió un balazo en la columna que lo dejó para siempre con discapacidad en sus piernas?

Tan preparado estaba Michelena para ese supuesto ataque “del joven entrenado en Cuba” que aprovechó su fortaleza física y de un solo golpe en el rostro del anciano lo dejó fuera de combate.

Curioso resulta, además, que ese episodio ocurrió el mismo día en que el aspirante perdedor Guillermo Lasso protagonizó todo el show en el estadio olímpico Atahualpa, cuando por culpa del “saladasso” la selección ecuatoriana perdió por dos goles a cero frente a Colombia.

Hoy ha quedado claro que tanto lo de Lasso como lo de Michelena ha sido un autoatentado.

La coincidencia no es gratuita ni fortuita. Los perversos asesores de Lasso organizaron esos presuntos ataques en los dos escenarios para pellizcar unos votos de compasión, pero no les resultó.

Los naranjazos y botellas de plástico vacías lanzadas por los seudosicarios contratados por Lasso no le afectaron ni siquiera con un rasguño en la cabeza ni a él ni a su mujer ni a sus hijos ni a toda la mafia política que lo acompañaba, dirigida por el inefable César Monge, el mismo que ofendió al pueblo manabita, el mismo que complicó tanto las condiciones del debate organizado por la Red de Maestros justamente para que no se diera el diálogo y acusar al candidato ganador, Lenin Moreno, de no presentarse.

Así que “hombre del pueblo” no es Carlos Michelena, uno de los invitados favoritos de la Hinostrosa en los “desayunos” de Teleamazonas y hoy convertido en defensor de un banquero al que hasta hace poco decía detestar.

El supuesto “hombre del pueblo”, que nadie sabe de dónde recibe casi 6 mil dólares mensuales como salario, se trata de un latisueldista y un mercenario que se presenta en los mítines políticos de uno u otro candidato según le convenga a su bolsillo y de un individuo que escoge a qué candidato apoyar de acuerdo con el trato que le dan, como suele decir él.

Individuo falso que habla muy mal de los grandes medios de comunicación y, sin embargo, está listo para opinar en contra del gobierno de la Revolución Ciudadana porque ese es su negocio: aparecer como un cómico o un payaso (como se califica él mismo) apolítico que no cree en nada, hacerse la víctima, contar cuando era pobre, de niño, y vendía periódicos, pero, al mismo tiempo, presentarse como disimulado simpatizante de quien le pague más.

No es cierto que Michelena es un “hombre del pueblo”.

Ha hecho negocio con sus videos.

Ha hecho negocios con sus presentaciones en mítines políticos para diversos candidatos de derecha, derecha que él asegura oponerse porque es “pobre”, porque es “rulimán”, porque es “Michelena nomás”. Qué tipo para ruin. Qué tipo para falso.

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