El españolito, el venezolanito y el Expresito

Andersson Boscán, la nueva joyita de diario Expreso que va camino a convertirse en una suerte de Emilio Palacio, ha decidido ensañarse contra el candidato de la Revolución Ciudadana, Lenin Moreno.

Supervisado, corregido, editado y “dado escribiendo” por el españolito Ricardo Arquez, el mismo que acompañó al venezolano Bosscán a entrevista a Capaya en Miami y solapado director de Expreso,  hace un texto que es digno de emularlo, pero diciendo las cosas como son, no como se inventan Arquez y Bosscán, los Batman y Robin del Diario Expreso.

El salón estaba listo para la conferencia del ídolo del ansioso empresariado ecuatoriano que aspira, inútilmente, a que el próximo domingo gane las elecciones su representante, el banquero y también empresario offshore Guillermo Lasso Mendoza.

Del lado derecho, porque al menos en eso Lasso es consciente sabe que representa a la derecha, estuvo el líder de la alianza Creo-Suma, vestido sobrio, con las manos juntas y las piernas cruzadas, como quien no se cansa de esperar, aunque no se conoce a quién estaba esperando, pues Lenin Moreno jamás dijo sí a un debate donde predominaría la manada de patricios pelucones industriales y comerciantes que explotan a los pobres en las fábricas y negocios de Guayaquil y que viven en sus lujosas mansiones tipo Miami en Samborondón, justamente, según han dicho, lejos de Guayaquil, lejos de los pobres.

Al medio, la periodista ecuatoriano-colombiana Andrea Bernal, quien por extrañas razones aparece de nuevo como moderadora, pues ya lo fue en el debate con todos los candidatos durante la primera vuelta, organizado por el Diario El Comercio en Quito.

La moderadora se había subido a un avión desde Bogotá, donde trabaja en la cadena NTN, representante de la extrema derecha y del uribismo más criminal en Colombia.

Algún perverso le convenció de que searía, eso, moderadora, pero no le explicó que moderaría solita a un candidato solito, Lasso, así como lo hizo la semana pasada en la UDLA de Quito el fiel amigo del banquero y director del periódico digital La República, Carlos Jijón, alias Banco Pichioncha y Banco Guayaquil.

A la izquierda, la silla vacía “que se ha convertido en el logotipo de la campaña de Lenin Moreno, candidato de Alianza PAIS. Como un escapista profesional Moreno ha convertido este en el tercer intento fallido para que la democracia ecuatoriana tenga un cara a cara entre sus dos aspirantes finalistas a la presidencia”.

Párrafo perverso el anterior que corresponde precisar al españolito Arquez y al venezolanito Bosscán: primero, ¿es crónica lo que escribiendo a cuatro manos o artículo de opinión? Segundo, si es una crónica informativa, ¿quién les da derecho a mentir tan descaradamente y calumniar a Lenín al llamarlo “escapista profesional”? Tercero, ¿cuál es el tercer intento fallido, si el segundo con la Red de Maestro lo boicoteó el patrón de Diario Expreso, el mismísimo Guillermo Lasso, al negarse a notarizar que no es corrupto? Cuarto, ¿en realidad al españolito director del Expreso y a su fiel escudero venezolano Bosscán les importa la democracia ecuatoriana o les interesa, por orden de los empresarios y del dueño del Expreso, el perverso Leisker, decirlo de una forma que conmueva a los escasos lectores que tiene el periódico de marras?

Miren cómo el Expreso y sus plumíferos se lamentan luego: “No será posible a estas alturas. A tres días del cierre de campaña oficial y entrada en vigencia del silencio electoral, lo único que el país puede esperar es lo que ha tenido en los últimos meses: un cruce de acusaciones inertes. La única diferencia en ese guión tuvo lugar esta noche del 27 de marzo de 2017, cuando en lugar de un evento cancelado, hubo una silla vacía”.

No, españito y venezolanito: no hubo silla vacía, entiendan de una vez. Lenín nunca aceptó ese debate, así que no hubo tan silla vacía. Y la había, ¿por qué no hicieron sentar allí a Leisker, el que les paga el salario gracias a la publicidad del Banco Guayaquil?

“Antes la CNN lo había intentado sin éxito” (la CNN, claro, el non plus ultra del periodismo continental, del equilibrio y del pluralismo). Antes la oficialista red de maestros lo había prometido, aunque con mañosería (de nuevo los periodiqueros, que no saben distinguir entre información y opinión, poner calificativos) para retractarse a última hora. Y hasta esta mañana el candidato Moreno mantenía el silencio que lo ha caracterizado ante cualquier tema incómodo. Por eso dio ruedas de prensa sin preguntas. Por eso ignoró las preguntas directas sobre su asistencia. Por eso delegó la tarea de decirle al país que haría un desplante a la democracia en la boca de su equipo de prensa.

(A ver, señores del diario que sobrevive gracias al sangriento Extra, su hermano de empresa: aquí hacen algunas afirmaciones muy graves y las sueltan así nomás, como si nada. ¿Dónde habrá estudiado el españolito o se descuidó por coquetear con alguna reportera justo ese momento cuando Bosscán tecleaba como loco?)

La candidatura de Guillermo Lasso ha querido aprovecharlo. La foto frente al letrero sin dueño de Lenin Moreno le permitía dirigirle a esa silla vacía todo lo que hubiera querido decirle en persona. (¿En serio? ¿Cómo lo saben? ¿Los periodistas del Expreso leen el pensamiento de Lasso gracias a que este les salva la campana para que no quiebren? ¿Cómo están seguros de que Lasso hubiera tenido las agallas para hacerlo?)

“Usted no está preparado para gobernar”, lanzaba el opositor sin saber a quién mirar (Pero, cómo, ¿no había un espejo de cuerpo entero para que Lasso se viera a sí mismo?). “Usted ha preferido una campaña sucia que un intercambio de ideas”, decía Lasso a Lasso. “Usted huye hasta de sus propios debates”, se mofaba Lasso de Lasso. }

Lasso le ha restregado a Moreno su ausencia y su incapacidad para responder sobre las dudas del patrimonio correísta sin alterarse siquiera (además, el españolito director ni siquiera conoce de sintaxis: ¿qué quiso decir aquí?).

Por respuesta, en lugar de una réplica, ha teñido unos flashes y unas grabadoras (¿quién?) Solamente la prensa estaba allí para presenciar el encuentro entre una candidatura y una silla vacía.

No, señores del Expresito. Fue un encuentro entre Lasso y un espejo de cuerpo entero donde se veía Lasso. Fue una cabeza vacía frente a una silla vacía. Así debieron poner.

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