Gonzalo Rosero (y su jauría) al ataque

El periodista (?) Gonzalo Rosero tiene dos armas poderosas para atacar al Gobierno de la Revolución Ciudadana.

Para defender al candidato de la oposición y a su encuestador, y además proteger el auspicio financiero del Banco de Guayaquil a su programa de opinión en la estación de su propiedad (Radio Democracia), tiene dos “estratagemas”, como suele decir él.

La una, invitar solamente al supuesto agraviado, el encuestador Polibio Córdova, quien ha sido denunciado por la vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Rossana Alvarado, por torcer, manipular y acomodar sus preguntas encuestas a favor del candidato que va en segundo lugar y hacer que aparezcan, con la complicidad de la prensa mercatilista y sus titulares de primera página, unos extraños porcentajes que supuestamente muestran que el segundo va primero y el primero va segundo. Así de sinvergüenza es lo se publica.

Pero cuando Rossana Alvarado decide investigar y denunciar a Córdova, lo que hace Rosero es invitar a su programa al encuestador o al que se autodenomina encuestador, pagado por empresas relacionadas con el Banco de Guayaquil y, por tanto, con el candidato que va en segundo puesto.

Esa es la primera arma de la “estratagema” de Rosero: victimizar a Córdova, dejarlo hablar todo lo que quiera hablar, hacerlo sentir como un pobre ciudadano que no tiene ningún poder, consolarlo, solidarizarse con él y hacerle supuestas preguntas solamente con el fin de que Córdova desarrolle su tesis de que es inocente y de que no se explica cómo le han “hackeado” su sistema de computación para sacar documentos que demuestran, con absoluta claridad, esa manipulación de los sondeos para que al momento de difundirlos aparezca su cliente, el que va segundo, como si estuviera encabezando las preferencias electorales.

Perversa la actitud de Rosero y perversa la de Córdova: al declararlo inocente en su radio, mal llamada “Democracia” cuando en realidad es la emisora más sesgada del país , logra que ciertos oyentes se solidaricen con el jerarca de la empresa Cedatos y consiguen el resultado apetecido: influir en la reflexión electoral de un 18 por ciento de ciudadanos que aún no deciden por quién votar, a sabiendas de que un sector de la sociedad, como sucede en todo el mundo, suele decidir el apoyo al que las encuestas le dan el primer lugar porque en el inconsciente de las personas anida el deseo de sentirse ganador.

La otra arma de Rosero es el cargamontón, la jauría, la manada.

Y en su programa de este jueves 23 la utilizó en la hora más escuchada, a las 7 de la mañana, con declarados enemigos de la Revolución Ciudadana: el expresidente del Congreso Nacional, el demócratacristiano Wilfrido Lucero; la catedrática Saudia Levoyer, de la Universidad Andina; Francisco Huerta, exdiplomático y exfuncionario de la partidocracia y hoy analista estrella del diario Expreso; Martha Roldós, sobre quien pesan sospechas de auspicios extranjeros para su trabajo en contra del Gobierno; y el jurista Hernán Salgado, otro conocido y agresivo objetor del Gobierno Nacional.

El cargamontón, orquestado y dirigido por la batuta de Rosero, se dedicó a calumniar, ofender, calificar, insultar y agredir sin que el moderador, como se hace llamar Rosero aunque él también aporta a las acusaciones, haga algo –como correspondería a un periodista equilibrado y justo- para detener las gravísimas acusaciones, sin pruebas, en contra del Régimen al que hasta llegan a calificarle de “narcoestado” sin que ningún funcionario gubernamental pudiera refutar.

¿Eso es periodismo? No. Imposible. Rosero nunca entenderá lo que significa esta palabra sagrada. Llevar una horda, una jauría o una manada para hacer lo que él quiere: arrasar con la dignidad y el honor de un proyecto revolucionario que puede haber cometido errores en su gestión, pero que no merece que se arrastre su extraordinario trabajo de diez años en beneficio de quienes nunca antes fueron tomados en cuenta y, peor, atendidos en sus necesidades básicas por gobierno alguno.

Rosero nunca podrá asumir que esta, y no la que él dibuja en su conciencia donde priman los dólares de sus auspiciantes, quienes financian su programa de opinión (pero de opinión desde un lado distorsionado de la realidad) a cambio de que el que convoca a la jauría defienda los intereses más oscuros de quienes han hecho tanto daño al país desde tiempos remotos.

Ese mismo día, ya a las 8 de la mañana, Rosero, en un alarde de pluralismo que nunca ejerce su línea editorial (línea editorial sinuosa y tan manipuladora como la encuestadora de marras), invita a la vicepresidenta de la Asamblea y cambia de tono, casi susurrante, casi angelical, casi inocente, para demostrar, según él, que también da espacio, de vez en cuando, a quienes todas las mañanas ataca con furia, con malicia, con vileza, utilizando a invitados que se prestan, por ganar 15 minutos de fama, a las más protervas acusaciones en masa contra todo lo que significa este proceso político de 10 años.

Rossana Alvarado, con la dignidad y la firmeza que le caracteriza, hizo una valiente defensa de su decisión de denunciar a Córdova y a Cedatos, con mucha mayor razón luego de que el mismo Córdova no desmintiera las pruebas que presentó Rossana Alvarado, sino que se quejó de que han “hackeado sus correos y sus documentos”, lo que claramente significa que la denuncia de la manipulación sería cierta, pues Córdova, pese a su victimización, nunca negó que fueran falsas las denuncias, los cheques de la empresa Libercostas, las facturas y las estadísticas con encuestas mañosas.

“No es un diálogo de arcángeles”, dijo la valiente Rossana cuando Rosero también pretendió negar o desconocer que el Banco Guayaquil, la entidad financiera de propiedad del candidato Guillermo Lasso, que va segundo, es una de las auspiciantes de su programa radial.

Pero Rosero no se quedó ahí. Después de que haber tenido a Polibio Córdova el día anterior durante una hora, intentó que Córdova llamara por teléfono para refutar a la asambleísta denunciante, con lo cual demostraba su compromiso personal, institucional y empresarial por sobre su deber ético de hacer periodismo y no propaganda disfrazada de periodismo.

Rossana Alvarado ha denunciado en la fiscalía a Córdova por un presunto delito de atentar contra la fe pública. Córdova solo se ha puesto a tocar el arpa, como si estuviera vestido con túnica blanca y se erigiera en un inocente querubín.

Y, para eso, cuenta con la ayuda de la jauría que no solo asiste a “opinar” en radio Democracia sino que todas las mañanas hace una gira por todos los medios que son actores políticos dispuestos a la injuria y a la calumnia más sórdidas y burdas contra funcionarios gubernamentales o contra el proceso revolucionario que tanto detestan porque ya no pueden medrar ni aprovecharse del poder que tanto tiempo tuvieron en sus manos.

Y que nunca más tendrán.

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