Pelagatos & Cía. ponen una vela por Lasso

Guillermo Lasso, por confesión de Carlos Vera y de Rodrigo Paz, es un diabético avanzado, excesivamente ambicioso y sin muchas luces para la política. Y por eso se entiende su comportamiento dubitativo, nervioso y hasta ridículo cuando tiene que afrontar tensiones críticas si el libreto para el que está entrenado no le funciona.

Durante los últimos seis meses imaginó que bastaba con tener a la prensa comercial de su lado, decenas de millones de dólares bien distribuidos y unos cuantos empleados en los portales de internet para consolidar una tendencia política y electoral a su favor. Y él sabe, por boca de Jaime Durán Barba, que ni todo el oro del mundo hace a un banquero presidente de un país sino tiene una idea clara de la política o por lo menos reacciona cuando pierde la iniciativa.

Pero no solo se equivocó Lasso y su corte de serviles empleados, sino la camarilla de periodistas y medios que apostaron a él pensando que era su tabla de salvación. Nadie niega que hicieron bien su trabajo, pero con el peor producto. El símil utilizado en el consejo editorial de un diario ha sido: “Le apostamos por el peor candidato y de paso recibimos el KO nosotros”.

Y tienen razón: mandaron a Miami a Janeth Hinostroza, Tania Tinoco, Mónica Almeida, Carlos Vera y a los cuasi desconocidos y poco reconocidos periodistas de Expreso. No sirvió de nada. Igual usaron a Andrés Carrión, Carlos Rojas y Miguel Rivadeneira para posicionar un supuesto prestigio de Andrés Páez y les salió el tiro por la culata: jamás lograron maquillar su pérfido perfil político y mucho menos ocultar la mafia que le acolita. Incluso, con su cero lucidez política Diego Oquendo, Gonzalo Rosero y Carmen Andrade tampoco ayudaron mucho, a pesar de que le pusieron ganas y se empeñaron en dar todo de sí para desdibujar al binomio de AP. ¿Y qué decir de todas las emisoras guayaquileñas comprometidas con el banquero que puso más de cinco años de publicidad de sus empresas para sostener su imagen como el salvador de la patria?

La derrota es múltiple: ni ganan los medios ni gana el aparato bancario y oligárquico representando por Jaime Nebot en Guayaquil y Osvaldo Hurtado en Quito. Pierde Mauricio Rodas porque su talante de político queda a la deriva y ya cuenta con más de 40% de negativas en la capital, cifra que ningún político quisiera tener a mitad de su período y menos si aspira a la Presidencia en el futuro. Y se entierra el ex MPD, Paul Carrasco y los Pachakutiks más vendibles.

Martín Pallares, José Hernández y Roberto Aguilar saben que están derrotados en su empeño. No pudieron representar lo que imaginaron: lucidez, desobediencia, ironía y obstinación. Ocurrió todo lo contrario: nunca estuvieron más opacos, obedecieron al capital financiero sin nada a cambio, obsecuentes al máximo de nada les sirvió su propia ironía. Y como pelagatos quedan pelados y electrocutados en el cordel de sus pasiones.

Al final, todo vuelve a transparentarse y pasadas las elecciones ni Lasso y sus atrofias políticas, ni los periodistas diabéticos de poder y mucho menos los poderosos banqueros han logrado superar (ni con todos sus millones y mentiras) la voluntad de la gente que solo se asienta en la realidad: durante los últimos diez años experimentaron el mejor cambio de su vida y apostaron por un modelo donde se los reconoce, aunque falte mucho por hacer.

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