Los cazadores cazados

Lo peor de estos personajes es que creen que son cazadores. Y en realidad son cazados.

Porque los ciudadanos ya los conocen, perfectamente, y saben que no deben creer una sola palabra de lo que dicen, cuando se convierten en opinadores o cuando publican entrevistas a delincuentes confesos que les invitan a la sede central de los corruptos del mundo, Miami (Estados Unidos).

Allí, con el clarísimo afán de buscar las cinco patas al gato y mirar cómo pueden hacer daño al Gobierno de la Revolución Ciudadana, “entrevistaron” a los dos nuevos ahijados de los prófugos exbanqueros Isaías: el malhadado “experto petrolero” Carlos Pareja Yannuzzelli alias Capaya (en realidad, experto para crear empresas fantasmas y robar el dinero del pueblo) y el falsificador de títulos profesionales y derrochador de dineros públicos, el dizque economista Pedro Delgado.

Con pésimas puestas en escena, en la que con toda seguridad estaban detrás de cámaras los ñañitos Isaías y toda su corruptela, Capaya y Delgado pretendieron ser los que van a salvar a la Patria evitando, según ellos, que siga en el poder la revolución ciudadana porque “hay demasiada corrupción”.

Cierto es que hubo demasiada corrupción, pero precisamente de quienes como Capaya y Delgado debían ser honestos y transparentes, debían mantener las manos limpias. Pero no. Corruptos ellos y la gente que los rodeaba. Corruptos que como serpientes se arrastraron para ganar la confianza de las autoridades gubernamentales.

Como suelen decir en Manabí, “para un gusano la única forma de llegar a la cumbre es arrastrándose”. Y eso es lo que hicieron este par de delincuentes confesos: se arrastraron para conseguir un puesto que les permita mentir y robar y ahora se arrastran ante los amos del dinero, los hermanos Isaías, culpables de la peor crisis bancaria y humanitaria que ha vivido el país.

Pero tan grave como la actitud de este par de mediocrillos es lo que decíamos al principio: para variar, la prensa mercantilista, en su colusión antigobernamental, ha enviado a sus estrellas (o, en algún caso, dicen que se han ido sin siquiera consultar a sus patrones) para entrevistar al par de delincuentes refugiados en Miami.

Y las estrellitas han vuelto felices, creyendo que han hecho un acto patriótico, cuando en realidad se han acercado muy peligrosamente a un hecho claramente tipificado en las leyes penales: la apología del delito.

Así fue cómo estos personajes fueron perdiendo la escasa credibilidad que les quedaba (si alguna vez tuvieron algo de ella): llegaron a Miami y entregaron a los prófugos sus micrófonos y sus conciencias.

Por ahí desfilaron las estrellas de diario Expreso: el reportero Anderson Boscán, un extraño joven venezolano que funge ser ecuatoriano y cuyo padre vive en el Ecuador lanzando fuego contra el gobierno de Maduro, y un españolito coqueto que desde que llegó a Guayaquil en el 2013 como editor general de Expreso y que trata de pasar desapercibido porque es un mediocre periodiquero llamado Ricardo Arquez. ¿Era tan importante entrevistar a Capaya que hasta el clandestino y misterioso Arquez acudió al llamado de los corruptos, pero luego no publicó nada porque les dio miedo que les cayera la ley a su real fuente de ingresos, el sangriento diario Extra?

Estuvo en la pasarela de Miami también el inefable Carlos Vera, esta vez un poco atrasado de sus colegas y exhibiendo un lenguaje soez para fingir que tomaba distancia de Capaya y de Delgado. Tan fingido era su lenguaje de alcantarilla que Delgado, por ejemplo, nunca se sorprendió cuando Vera le dijo cosas como “por qué chucha no vuelve al país” o “por qué se le ahueva a Correa”, frases que a ningún periodista que esté en sus cabales se le ocurriría pronunciar frente al público pues no solo se muestra como un patán de quinta categoría y un tipo promiscuo sino que su pose de periodista (que ni siquiera lo es) queda en el fango.

Y qué decir de las valientes y combativas Jeanetthe Hinostroza y Tania Tinoco, que al volver de su tour por Miami, con todos los gastos pagados, hicieron la pantomima y actuaron como si estuvieran en algún rol secundario de una instrascendente película de Hollywood.

La Hinostroza, como siempre, en su papel de reportera implacable, pasó toda la entrevista a Capaya por un canal de YouTube, no por Teleamazonas. ¿Quiso engañarnos para decir que su canal no tenía nada que ver? Entonces, si el canal del banquero Egas (que dice que le ha vendido, pero a testaferros de él mismo) no tenía nada que ver y ella trabaja allí, ¿quién le autorizó que viajara?

Mucho más ridículo fue el papel (papel en términos antihigiénicos) que cumplió otra impacable y tenaz investigadora: Tania Tinoco, de Ecuavisa. El dueño del canal y sus jefes le dieron la espalda, aseguraron que nunca les informó que viajaba, que jamás le autorizaron que hiciera ese “trabajo”.

Entonces, igual que la Hinostroza, con un cinismo de alto grado, Tinoco fingió que alguien tomó sus grabaciones y sin autorización de ella subió al YouTube. Con tanta sinuosidad, propia de las víboras que primero se enroscan antes de atacar, armó toda una tramoya para decir “yo no fui”, como el corruptamente célebre Abdalá Bucaram, prófugo en Panamá para disimular que no todos van a Miami.

Si las estrellitas pretendían que alguien creyera que son tan sagaces que antes de la Interpol ellas ya dieron con los prófugos corruptos, se equivocaron totalmente.

Nadie les cree, incluso porque en su apresuramiento para lanzar lodo con ventilador al Gobierno Nacional, hasta hicieron las entrevistas en las mismas locaciones donde alguna vez aparecieron los Isaías para “dirigirse al país”. Pobre periodismo mercantilista, ya ni siquiera tiene una pizca de dignidad ni de profesionalismo.

Que los nuevos periodistas no vean ni escuchen ni lean a estas presuntas estrellas de la prensa nacional. No es aconsejable aprender malas mañas ni acciones perversas ni oscuras. No es profesional, según los manuales básicos del oficio, entrevistar (o regalar el micrófono, como suele decir la jerga periodística) a un corrupto y no contrastar la información con los nombrados por estos descalificados que nunca tuvieron ni tendrán la valentía que sí tiene un ciudadano común: dar la cara a la justicia y enfrentar la sanción que merece.

Entre estrellitas del periodismo y corruptos de alto vuelo se han juntado en su estrategia de que gane votos su candidato Lasso y llegue al poder.

En un reciente discurso, Lasso dijo que concederá amnistía a todos los “perseguidos por el actual Gobierno”. En otras palabras, Lasso también será cómplice que los delincuentes pasen a la impunidad, al igual que los seudoperiodistas que creyeron que con sus remedos de entrevistas conmoverían al país.

Ilusos. Ya nadie les cree. De cazadores pasaron a cazados.

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