Los 4 pelas y su entorno societario

Aguilar, Hernández, Pallares y Crudo no son inocentes periodistas que hacen periodismo. Mucho menos el último, aunque el tercero solo lo es gracias a su familia y no precisamente porque en la antología de sus escritos se encuentre algo que valga la pena llamarlo periodismo de calidad.

angelitos

Lo menos que han hecho en estos tiempos ha sido ejercer el oficio. Justifican tal calamidad en vista de que nos les dan trabajo en los medios libres e independientes, de los cuales los botan en realidad. Los botaron los Mantillas, no el gobierno. Las pruebas las dio el mismo Pallares. Aguilar ya contó de qué vive (Fundamedios, de todos modos no le paga a tiempo) y Crudo es un empresario próspero que recibe apoyos y flujos desde cuentas algo extrañas.

Aguilar, el pela mayor, no trabaja desde hace rato en un medio haciendo periodismo, se dedica por entero a botar fuego, desde un talento literario, contra el gobierno y sus seguidores. Tampoco le fue bien en su estreno como dramaturgo: en su ciudad natal la gente se iba en medio de la función y los más entendidos del teatro saben del fracaso de querer adaptar una obra desde el hígado contra alguien sin mayor sentido. (Todo esto sin descontar que gracias al financiamiento del Teatro Sucre, ahora dirigido por una muy bien allegada a Mauricio Rodas, pudieron montar la obra que no pasará a los anales del teatro ecuatoriano, a pesar de los elogios de Diego Oquendo, que del tema sabe muy poco).

Este Pela mayor ahora se agarra contra Hugo Hidrovo, su amigo, y lo denigra. Aguilar no tiene amigos, ahora tiene socios nada más. En eso se parece a quién le financiaba su sueldo cuando trabaja en la revista Vanguardia. O ya se olvidó Aguilar de quién recibía el sueldo en esa revista como ahora sabe bien de dónde salen los cheques para el arriendo de su casa.

Hernández, el pela culto del grupo, desde hace rato vive por estas tierras y no se sabe de qué vive, que no sea de sus asesorías y consultorías bien camufladas a determinados grupos y personalidades políticas. Se queja de todo lo que hace el gobierno y para eso usa y cita a los autores franceses que creerá que acá no se leen, porque de paso, como lo prueban quienes trabajaron con él (consúltese a don Marco Arauz), considera a los ecuatorianos unos incultos, no saben francés y poco leen a los autores del periodista colombiano que pasó por casi todos los periódicos ecuatorianos dejando una estela de resentimientos, cuentas en rojo y muy poco rendimiento empresarial.

bjwr5lpccaazx0l-jpg-largePallares, el pela aniñado (solo porque su familia y la de su mujer lo mantienen en sus caprichos seudoperiodísticos), ahora escribe sin parar, pide trabajo en EEUU y ayuda a sus parientes de los bancos, mutualistas y empresas que lo ven por debajo del hombro. No le dan trabajo en sus empresas ni bancos ni mutualistas porque saben que no sabe nada de eso. Por eso lo prefieren allá, lejos, en su quinta, rodeado de árboles de aguacate, para que le sirvan café y no fastidie el negocio de sus parientes (uno de los cuales ahora recibe el sueldo que le pagaban al Pallares en el nuevo canal). Como en El Comercio lo saben, Pallares era un vago aniñado, mimado por los Mantilla, para garantizar las relaciones que los apellidos siembran en los negocios de la élite quiteña. Nadie conoce una pieza periodística de rigor y cuando ejercía de editor ya sabemos en los problemas que se metió con Arauz, Larenas y demás.

IMG-20160202-WA0002Crudo, el pela pelado, no es periodista y solo se hizo famoso por la fama dada en la redes sociales y con el cual no se puede ni hablar, menos leer algo. La pregunta es: ¿es él quien paga y sostiene la página web de los pelas? ¿De dónde saca la plata para moverse en el lujo que exhibe y con el cual conquistó a los otros tres pelas? Ya sabemos, dirán, que nos estarán buscando de dónde sale la plata. No hacen falta muchas pesquisas, es suficiente observar con quién habla Hernández, el eje del negocio, para saber cómo Don Crudo asume ciertos costos y gastos.

En definitiva, los Pelas están al aire, viven su momento de gloria, pero lastimosamente, cada vez menos los leen porque ya dejan mucho que desear sus talentos gramaticales y solo brillan sus efluvios hepáticos.

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