Los tratados de libre comercio al desnudo

Manifestación pacífica de estudiantes en Bogotá, en apoyo al paro campesino.
Manifestación pacífica de estudiantes en Bogotá, en apoyo al paro campesino.

 

Pese a la escasa cobertura mediática que recibió en nuestro país el reciente paro agrario en Colombia, los sucesos nos invitan a reflexionar sobre el verdadero rostro de los famosos “tratados de libre comercio” impulsados desde los Estados Unidos. Contrario a lo que durante años nos vendieron los políticos de ultra derecha, tras las inicuas siglas de TLC, ALCA, NAFTA, etc, se esconde un proyecto hegemónico cargado de violencia simbólica.

Muchos recordamos las palabras de Lucio Gutiérrez, quien apenas ganó las elecciones presidenciales demostró su abierto entreguismo ante las consignas imperiales y autoproclamó a nuestro país como “mejor amigo de los Estados Unidos”. Lejos de tratarse de una inocente declaración espontánea, las palabras de Lucio obedecían a un compromiso con la oligarquía ecuatoriana, la misma que desde finales de los 90’s ha buscado obligar a la firma de estos perjudiciales acuerdos comerciales.

El fin último no es aumentar las exportaciones ni fortalecer la industria de nuestro país, sino desarrollar las condiciones para la instalación de maquilas y legitimar la tercerización laboral. Afortunadamente, con el ascenso del Presidente Rafael Correa, dichas aspiraciones se fueron al traste. Desde el gobierno central se trabajó para crear una legislación laboral que garantice los derechos de los trabajadores y en la actualidad se está gestando un cambio en la matriz productiva, lo cual permitirá que a mediano plazo se abandone la petro-dependencia de nuestra economía.

Muchos pusieron el grito en el cielo, cuando nuestro gobierno optó por renunciar unilateralmente a las preferencias arancelarias que desde Washington se concedían a ciertos productos nacionales. Cabe señalar que las ATPDE no eran un regalo de buena fe hacia nuestro país, sino una compensación por los gastos en los que incurrimos en la lucha global contra el narcotráfico, pero los hechos demostraron que en realidad dicho tratado era un arma de chantaje político con el cual los Estados Unidos intenta direccionar la política exterior de los países “beneficiarios”. Para decepción de Joyce de Ginatta, Blasco Peñaherrera Solah, Guillermo Lasso, Carlos Vera y demás lobbystas de los intereses foráneos, el aparato productivo nacional no colapso con el fin del ATPDEA y todos sus argumentos quedaron sin asidero.

 

Tal como era de esperarse, ningún representante de la derecha ecuatoriana se pronunció en solidaridad hacia el campesinado colombiano. Mantienen su postura pro TLC.
Tal como era de esperarse, ningún representante de la derecha ecuatoriana se pronunció en solidaridad hacia el campesinado colombiano. Mantienen su postura pro TLC.

 

El legítimo levantamiento campesino en Colombia iniciado el 19 de agosto, puso en la palestra una de las cláusulas escritas con letra pequeña de los TLC’s: la “propiedad intelectual” que se atribuye la corporación Monsanto sobre las semillas modificadas genéticamente con las que pretenden inundar el agro colombiano. Se ha comprobado hasta la saciedad que las prácticas monopólicas de Monsanto son desleales, muchos de los países europeos han vetado su ingreso, pero debido a la poderosa influencia que ejercen en la Casa Blanca, el gobierno estadounidense intenta infiltrar los productos de dicha corporación en todo acuerdo comercial con los países periféricos. Con la entrada en vigencia del TLC’s colombiano, se creó la Resolución 970 del Instituto Colombiano Agropecuario, la cual consiste en prohibir a los campesinos almacenar sus propias semillas para siembras futuras y les obliga a adquirir solamente “semillas certificadas” –léase genéticamente modificadas y producidas por Monsanto y otras compañías estadounidenses-, asestando un golpe mortal a un sector de por sí alicaído.

Durante décadas, el campesinado colombiano ha sufrido el drama de los desplazamientos forzosos en consecuencia de la larguísima guerra entre los grupos armados irregulares y el Estado colombiano, así como a la desigualdad en la concentración de tierras. Según un brillante artículo de Daniel Samper Pizano, “TLC, una tragedia anunciada”, los estudios demuestran que el 70% de los agricultores apenas poseen el 6% del total de tierras cultivables, mientras que un privilegiado 1% concentra el 43% de los predios, siendo Colombia uno de los países con mayor inequidad en dicho aspecto.

 

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Evidentemente la clase política colombiana no es partidaria de una reforma agraria, pues desde sus orígenes las grandes familias de terratenientes han mantenido el control político del país. Uribe, Santos, Samper y muchos otros que estuvieron antes, obedecen a esa tradición, siendo sus familias y empresas las principales beneficiarias de tamaña injusticia social.

De momento los campesinos colombianos han conseguido que se congele la resolución 970. Afortunadamente, la protesta se manejó con dignidad y los incidentes violentos fueron aislados, aunque los bloqueos de carreteras paralizaron a nuestro vecino del norte, lo cual generó multimillonarias pérdidas económicas. Gran parte de la sociedad civil colombiana se plegó a las protestas y consiguieron que el Presidente Juan Manuel Santos acepte sentarse en la mesa de diálogo. Sin embargo, recién empieza la lucha por una inmediata reforma agraria, soberanía alimentaria y fin del nocivo TLC, una tara de la larga noche neoliberal que debe ser extirpada de los pueblos de nuestro continente.

En solidaridad con la lucha de los hermanos agricultores colombianos, comparto este interesante documental de Victoria Solano, el cual fue censurado por el gobierno de Santos.

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One thought on “Los tratados de libre comercio al desnudo

  1. Nariño quiere ser nueva provincia de Ecuador El Presidente Correa demostró que los TLC eran un “tonto aperturísmo”. Ahora los campesinos colombianos sufren las consecuencias de este criminal tratado que solo protege al mas fuerte. A Siria la amedrentan con la fuerza militar y a los países sudamericanos con los TLC’s. Siempre el capital al servicio del poder financiero y no al servicio de sus ciudadanos.

    Y aquí tenemos ciertos “lideres de opinión” que causan vergüenza con sus declaraciones diciendo que hasta sienten “envidia..!” del grave error en que incurrió Colombia. El mercado tiene sentido cuando las partes se benefician mutuamente de él en un justo intercambio.

    Cuánta razón tuvo @MashiRafael al oponerse a firmar cualquier tipo de tratado de libre comercio y, encima, dolarizados hubiera sido un suicidio. Gracias a sus años de estudios le dieron el panorama exacto de como se maneja la economía de un país en vías de desarrollo.

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