El país de los frívolos (respuesta a editorial de Pedro X. Valverde Rivera, en Diario El Universo)

Fashion en Europa con su carrito de papel periódico (tomada del facebook de Pedro X. Valverde Rivera)
Fashion en Europa con su carrito de papel periódico (tomada del facebook de Pedro X. Valverde Rivera)

 

El día 7 de agosto, Diario El Universo, publicó un pasquín titulado “el país de mis hijos”. En dicho texto, el autor –Pedro X. Valverde Rivera– realiza una torpe apología al consumismo. No contento con ello, se jacta de haber burlado la legislación laborar ecuatoriana durante años.

Entre las múltiples mentiras y aberraciones que afirma el autor, encontramos:

 

 

Mis hijos tuvieron la suerte de nacer en una época en que no existía la esclavitud, al menos no en apariencia. Ellos debían ser remunerados si decidían trabajar; pero si decidían ser empresarios y generar trabajo para otros, tenían derecho a reglas claras de juego en cuanto a los costos de instalar una empresa, los riesgos que asumirían al hacerlo y las obligaciones que debían cumplir para con sus empleados.

 

Valverde pretende hacer creer que el sector empresarial está siendo perjudicado por el Estado. Afirma que antes existían “reglas claras”, cuando los hechos demuestran todo lo contrario: malos empresarios que gracias a la “contabilidad creativa” evadieron impuestos –ejemplo: Álvaro Noboa-,  abusaron durante años de sus empleados con la tristemente célebre tercerización laboral, sin reconocer el pago de horas extras y otros beneficios de ley, llegando incluso a contratar a menores de edad para trabajos peligrosos –nuevamente, recordemos el caso de las haciendas de Noboa-.  Hoy, gracias a los nuevos reglamentos y constantes visitas de los inspectores del Ministerio de Relaciones Laborales, esas malas prácticas son parte del pasado. Esas son reglas claras, no las de antaño.

Los buenos empresarios, que también los hay, se sienten satisfechos, pues son conscientes de que la regularización de las leyes laborales les otorga una garantía para desarrollar sus negocios. Gracias a la estabilidad financiera y política de los últimos años, muchas empresas extranjeras han comenzado a invertir en nuestro país, creando fuentes de empleo.

 

 

Mis hijos tuvieron la suerte de nacer en un país en el que podían elegir y ser elegidos. No necesitaban estar con la mayoría para poder expresar lo que pensaban; ni permiso de nadie para ver su programa favorito en la tele.

 

Nadie prohíbe a los hijos del señor Valverde a que tercien por algún cargo o  dignidad pública. Pese a lo mal que les hace quedar su padre, sus hijos son perfectamente elegibles para ocupar un puesto dentro del Estado, siempre y cuando demuestren tener la capacidad para ganar los concursos de mérito y oposición con los cuales el sector público selecciona al personal más preparado para el trabajo. Antes solo bastaba tener un apellido rimbombante o una palanca para obtener un puesto.

Y en caso de que los chicos Valverde decidieran iniciar una carrera política, tiene todo el derecho del mundo a terciar con la tienda electoral de su elección.

Sobre “pedir permiso” para ver su programa favorito en la tele, supongo que el señor Valverde no cree que sea necesario precautelar la formación de los niños y jóvenes ecuatorianos; que programas abominables que fomentan anti valores como el machismo, el chisme (ejemplo: los talk shows de Laura en América, los programuchos de prensa rosa o el casi pornográfico “bailando por un sueño” de Marcelo Tinelli) pueden ser transmitidos en cualquier horario.

Le informo al señor Valverde que el sistema para clasificar a los programas de acuerdo a su contenido y establecer franjas horarias específicas para público adulto, fue ideado en los Estados Unidos, país al que tanto glorifica en sus rastreras columnas.

 

 

Ellos nacieron en un país con diferencias sociales y desigualdades. ¿Hay acaso algún país que no las tenga? Pese a que esas diferencias eran dolorosas, nunca nos sentimos culpables de que existan, porque jamás hicimos nada para ahondarlas.

 

Tal vez el párrafo más abominable del artículo, pues reivindica al status quo clasista que estuvo a punto de llevar a la quiebra a nuestro país durante la larga noche neoliberal. Valverde afirma que nunca hizo nada por ahondar las diferencias sociales, lo cual resulta difícil de creer con su ardorosa defensa a la supuesta superioridad moral de la clase alta a la que tácitamente hace referencia a lo largo del texto. Se lava las manos y afirma que él no tuvo la culpa de que la desigualdad social, sin embargo, la entiende como un “mal necesario” para que él y su familia disfruten de lujos como ropa de marca y viajes al extranjero.

Al acumular de forma obscena bienes y recursos económicos, la clase alta –a la que pertenece Valverde- no solo gana poder político, sino que construye un capital simbólico con el cual busca legitimar una supuesta superioridad, que no es otra cosa que un discurso de odio.

 

 

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Recuerdo también que en esa época, el hecho de nacer en el seno de una familia que podía brindarles buena educación no era pecado; por el contrario, era un hermoso privilegio. Cuando ellos nacieron, sus padres escogimos libremente un colegio según nuestra creencia. En el colegio había un bar que vendía de todo. Trataban de ofrecerles alimentos nutritivos, pero sí conseguían por ahí alguna golosina; eso era cosa de niños, que no ofendía a nadie.

 

Afortunadamente el acceso a la buena educación dejó de ser un privilegio de las clases altas. Valverde parece sentir nostalgia de la época en la que solo los colegios privados más exclusivos contaban con computadores, mientras que los fiscales no tenían ni una caja de tizas.

Falta mucho por hacer, pero cada vez existen más instituciones educativas fiscales –las conocidas como “colegios del Nuevo Milenio” y “colegios réplica”- con tecnología de punta. De igual manera, el número de establecimientos educativos que aprueban los requisitos del bachillerato internacional va en aumento.

Insisto en que falta mucho por hacer, durante años el magisterio fue –y en gran parte sigue- controlado por mafias electorales, el desvío de fondos y recortes presupuestarios a la educación eran constantes durante anteriores gobiernos, lo cual dificulta la tarea. Los resultados recién se verán a mediano plazo, pero el objetivo final de equiparar hacia arriba a la educación pública con la privada es loable, un acto de justicia social.

En todo caso, si el  señor Valverde escogió enviar a sus guaguas a recibir su educación con las monjas carmelitas o con el aristocrático Marqués de Sade, es problema suyo. Si se reproduce nuevamente –por el bien de la humanidad ruego que aquello no suceda- y decide atiborrar a su retoño con Mc Donald’s y Coca Cola para provocarle una obesidad mórbida que demuestre la salud de su billetera, el Estado no puede hacer mayor cosa.

 

 

No supe jamás que hayan recibido apodos ni agravios por vivir en una casa propia, ni porque su casa haya estado ubicada en algún barrio agradable. Los sectores para vivir eran solo eso, sectores. No clasificaban a la gente, ni la convertían en buena o mala.

 

Muy bonito lo que dice Valverde, pero, ¿lo aplica en la vida real?. Sería bueno conocer que es lo que entiende este sujeto como “algún barrio agradable”. De seguro Valverde tiene la suerte de vivir en una urbanización privada con guardianía 24/7, algo que la mayoría de los guayaquileños no tienen.

Mientras Valverde moraliza desde su torre de marfil, la ciudad que ha permanecido más de 20 años en garras de sus amados socialcristianos, sufre constantes inundaciones y es azotada por la delincuencia.

En uno de los párrafos anteriores, afirma que existe desigualdad; en este, se contradice (solo le falta afirmar que va a pelotear y echar una biela en el Guasmo, pues ¡todos somos iguales!)

 

 

Si me alcanzaba el presupuesto, ellos aprovechaban y me hacían que les comprara ropa y zapatos que estaban de moda. Las tiendas traían cosas de todas partes del mundo sin restricciones y el consumidor elegía lo que le gustaba. Los precios eran un poco más altos que los nacionales, pero siempre pagables.

 

Tanto se queja de que “la empresa nacional sufre” y reconoce que prefiere los productos importados de marca porque son “más caché”… típico doble discurso de la derecha, que busca que sean los otros quienes consuman “sus sobras”, pues eso es para Valverde la producción nacional: un desecho bueno para los demás, pero no para sus nenes.

 

 

 

Debo decir además que la niñera que ha cuidado a todos mis hijos es una mujer maravillosa, dulce y servicial. Nunca llevó cuentas de las horas extras que nos regalaba con una sonrisa cuando alguno se enfermaba; por lo cual, con inmenso cariño, nosotros tampoco llevamos cuentas de los permisos, préstamos y ayudas que le hemos dado durante tantos años. Ella es y siempre ha sido parte de nuestra familia, aunque no lo hubieran dicho el IESS ni la ley.

 

¿Qué será de la vida de la niñera de la familia Velarde? De seguro esa mujer maravillosa, dulce y servicial de la que habla, hoy debe necesitar de un préstamo quirografario o de atención médica a la que no puede acceder, pues su magnánimo patrono, el de los “préstamos”, nunca consideró necesario cumplir con la ley y afiliarle al IESS. Si la antigua niñera tiene que realizarse una cirugía de emergencia, ¿Valverde asumirá los costos?. Lo dudo.

Si bien solo gracias a la presión del Estado hoy es normal afiliar a las empleadas domésticas al IESS, esto siempre fue obligatorio, todo empleado con una relación laboral fija tiene derecho a contrato y beneficios de ley, incluida la seguridad social. Esto no es invento de Rafael Correa, sino una ley que ha existido desde hace décadas, pero que señoritos como Valverde jamás cumplieron porque no había nadie con la voluntad política para hacer respetar los derechos de los trabajadores.

 

 

En Suiza, visitando a mis panas banqueros, que con cholos no me junto...
En Suiza, visitando a mis panas banqueros, que con cholos no me junto…

 

 

Resulta lamentable -pero no sorprende, Diario el Universo siempre se ha caracterizado por sus editoriales superfluos- que alguien como Valverde tenga un espacio en un medio de comunicación para exhibir sus ínfulas de grandeza y complejo de víctima.

Sin embargo, respetamos su  libertad de expresión, razón por la cual adjunto el link de ese texto al que considero francamente deleznable.

http://www.eluniverso.com/opinion/2013/08/07/nota/1256296/pais-mis-hijos

Que cada lector saque sus propias conclusiones y decida qué país prefiere: el mercantilizado y arribista de Valverde, o el que estamos tratando de construir desde una ciudadanía responsable, informada e igualitaria.

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4 thoughts on “El país de los frívolos (respuesta a editorial de Pedro X. Valverde Rivera, en Diario El Universo)

  1. Realmente duel que exista gente tan corta de pensamiento y de lógica social,pero felizmente exitste también gente que pensamos con las neuronas y no con el intestino grueso gracias.

  2. ESTE INDIVIDUO VALVERDE Y SU PADRE SIEMPRE HAN SIDO PELUCONES IGNORANTES QUE CON SUS ACTUACIONES HAN OFENDIDO AL PUEBLO ECUATORIANO, HAN LLEGADO DONDE ESTAN A BASE DEL TRAFICO DE INFLUENCIAS QUE SIEMPRE HAN PRACTICADO, MI REPULSA A LO MANIFESTADO EN EL EDITORIAL DE REFERENCIA , POR ESTE MAL LLAMADO ECUATORIANO.

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