La muerte de un dictador (“oh mal nacida palidez de sombra”, Pablo Neruda dixit)

Maldito, que solo lo humano
te persiga, que dentro del absoluto fuego de las cosas,
no te consumas, que no te pierdas
en la escala del tiempo, y que no te taladre el vidrio ardiendo ni la feroz espuma.

-PABLO NERUDA, El general Franco en los infiernos-

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Los crímenes de lesa humanidad no prescriben. No solo en las leyes internacionales, sino en la memoria de la gente, que solo puede sanar sus heridas cuando los dictadores y genocidas son condenados en vida.

La sociedad argentina empezó a sanar el día 24 de marzo del 2004 en que el difunto Presidente Néstor Kirchner tomó la decisión histórica de descolgar los cuadros del infame dictador Jorge Videla que estaba colgado en la galería del Colegio Militar de El Palomar. Ese hecho simbólico demostró al pueblo argentino que por primera vez existía la voluntad política de hacer justicia a los más de 30.000 desaparecidos, los incontables torturados, miles de bebes raptados y entregados a familias de militares y oligarcas, el grito desesperado y valiente de Las Madres de La Plaza de Mayo, los exiliados que murieron lejos de su tierra.

Antes de Kirchner los gobiernos argentinos siguieron socapando a la dictadura. El tibio y miedoso Raúl Alfonsín impulsó la Ley de Obediencia Debida en 1987 y el corrupto neoliberal Carlos Saúl Menen indultó a los sangrientos militares en 1990. Pero el gesto valiente de Kirchner devolvió la esperanza de justicia a los argentinos y el 22 de diciembre del 2010, Videla y otros militares fueron sentenciados a cadena perpetua. De poco les sirvió el desvergonzado apoyo de sectores reaccionarios, de la prensa privada y sus oligopolios mediáticos, quienes al final lo abandonaron a su suerte. La justicia tardó pero al fin había llegado para no marcharse.

Es raro que una muerte sea una alegría, pero sí. Algunos, en estos momentos, lamentan que no haya sufrido como sus víctimas. Sin ánimo ni posibilidad de comparar, yo creo que sufrió mucho al ver que los ricos argentinos que lo habían impulsado y apoyado cuando su gobierno torturaba y mataba, después lo abandonaron con su clásica cara de yo no fui.

-MARTÍN CAPARRÓS, La muerte de un asesino-

Videla muere en la celda de una cárcel común, recibió el juicio justo y trato humanitario que negó a sus víctimas. Latinoamérica cambió a raíz de su presidio, pues si bien tiranos como León Febres Cordero y Augusto Pinochet murieron en su cama, lo hicieron acosados por sus fantasmas e interpelados por la sociedad. Otros como Efraín Ríos Montt acaban de ser condenados, Fujimori enfermo espera el triste final que se merece en prisión.

Néstor Kirchner, dando la orden de quitar el cuadro del infame Videla.
Néstor Kirchner, dando la orden de quitar el cuadro del infame Videla.

Enumerar las obras de arte surgidas como respuesta a las atrocidades de Videla y sus hombres sería larguísimo, la cultura argentina floreció en medio de la sangre, convirtiéndose en un mecanismo de defensa ante el horror. Del dolor de las épocas crueles surge la belleza, tal vez porque los artistas y poetas se atreven a decir las cosas que otros no. Mientras los jueces y canales de televisión callaban los crímenes de la dictadura argentina, bardos de la talla de Juan Gelman y Mario Benedetti denunciaron sus horrores. Charly García, León Gieco, Mercedes Sosa expresaron públicamente su rechazo a la dictadura y solo su gran fama los salvó de ser aniquilados, suerte que no corrieron muchos otros artistas, como Héctor Germán Oesterheld, autor de “El Eternauta”, uno de los 30.000 desaparecidos. En cine Marcelo Pyñeiro con “La noche de los lápices”, Mario Benchis y su “Garage Olimpo” narraron desgarradoras historias basadas en el testimonio de los sobrevivientes, como la picana eléctrica y los vuelos de la muerte.

En honor a todas las víctimas, a sus familiares, a los que hicieron justicia, a los que no se callaron pese a que hablar podía costarles la vida, les comparto dos de estas obras llenas de dolor y poesía. La hermosa y oscura “Canción de Alicia en el país” de Serú Giran, compuesta por Charly García, quien en finos versos y metáforas nos habla del miedo y horror de la época; y la antes mencionada película “La noche de los lápices” de Pyñeiro.

También les dejo el poderoso poema completo de Pablo Neruda con el que empieza esta entrada, “El General Franco en los infiernos”, válido para Videla y demás criminales de su calaña, así como un link para que revisen el informe NUNCA MÁS, elaborado por la Comisión de la Verdad de Argentina.

El General Franco en los infiernos

Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente
en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,
ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz de mujer muerta te escarbe la barriga.
buscando una sortija nupcial y un juguete de niño degollado,
serán para ti una puerta oscura,
arrasada.

En efecto.
De infierno a infierno, ¿qué hay?
En el aullido de tus legiones, en la santa leche
de las madres de España, en la leche y los senos pisoteados
por los caminos, hay una aldea más, un silencio más
una puerta rota.

Aquí estás. Triste párpado, estiércol
de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra
de traición que la sangre no borra. Quién, quién eres,
oh miserable hoja de sal, oh perro de la tierra,
oh mal nacida palidez de sombra.

Retrocede la llama sin ceniza,
la sed salina del infierno, los círculos
del dolor palidecen.

Maldito, que solo lo humano
te persiga, que dentro del absoluto fuego de las cosas,
no te consumas, que no te pierdas
en la escala del tiempo, y que no te taladre el vidrio ardiendo ni la feroz espuma.

Solo, solo, para las lágrimas
todas reunidas, para una eternidad de manos muertas
y ojos podridos, solo una cueva
de tu infierno, comiendo silenciosa pus y sangre
por una eternidad maldita y sola.

No mereces dormir
aunque sea clavados de alfileres los ojos: debes estar
despierto, general, despierto eternamente
entre la podredumbre de las recién paridas,
ametralladas en Otoño. Todas, todos los tristes niños
descuartizados,
tiesos, están colgados, esperando en tu infierno
ese día de fiesta fría: tu llegada.

Niños negros por la explosión,
trozos rojos de seso, corredores
de dulces intestinos, te esperan todos, todos, en la
misma actitud
de atravesar la calle, de patear la pelota,
de tragar una fruta, de sonreír o nacer.

Sonreír. Hay sonrisas
ya demolidas por la sangre
que esperan con dispersos dientes exterminados
y máscaras de confusa materia, rostros huecos
de pólvora perpetua, y los fantasmas
sin nombre, los oscuros
escondidos, los que nunca salieron
de su cama de escombros. Todos te esperan

para pasar la noche.
Llenan los corredores como algas corrompidas.
Son nuestros, fueron nuestra
carne, nuestra salud, nuestra
paz de herrerías, nuestro océano
de aire y pulmones. A través de ellos
las secas tierras florecían. Ahora, más allá de la tierra,
hechos substancia
destruida, materia asesinada, harina muerta,
te esperan en tu infierno.

Como el agudo espanto o el dolor se consumen,
ni espanto ni dolor te aguardan. Solo y maldito seas,
solo y despierto seas entre todos los muertos,
y que la sangre caiga en ti como la lluvia,
y que un agonizante río de ojos cortados
te resbale y recorra mirándote sin término.

Pablo Neruda
España en el corazón.
1936-1937.

 

Link del Informe NUNCA MÁS http://www.desaparecidos.org/arg/conadep/nuncamas/

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