La crónica como género periodístico permite licencias literarias y cierta subjetividad. Esto no implica falta de rigor, falsear la verdad, el uso de lugares comunes y prejuicios, ni la banalización del tema. Todos estos defectos son frecuentes en las “crónicas” del editor de contenidos de Diario Hoy, Roberto Aguilar.
En su texto “¿El augurio de Correa se cumplió?” del 19 de mayo, el mencionado periodista escribe con particular saña y se limita a reproducir estereotipos raciales y sexistas con el fin de humillar a los asambleístas que no son de su agrado.
Desde el primer párrafo del texto, dedicado en su mayor parte a criticar el vestuario de los dignatarios, se vuelve evidente que la intención de Aguilar es tratar a su cobertura como si se tratara de un desfile de modas. Resaltar un tema tan banal es una forma de evitar tocar los temas de fondo y de restar importancia a un acto trascendental para el futuro político del país, como es la instalación de la Asamblea Nacional.
No es la primera vez que el ensañamiento de Aguilar se centra en perpetuar esquemas denigrantes hacia la mujer ecuatoriana. Empieza con un burdo intento de ser sarcástico con respecto al hecho histórico de que el 40% de la Asamblea esté conformada por mujeres. Acusa de este “horror” a las disposiciones constitucionales sobre equidad de género.
Le recuerdo al señor Aguilar que las asambleístas ganaron su escaño en las urnas, no por condescendencia alguna como torpemente insinúa. Dentro del sistema electoral ecuatoriano se busca que todos tengan idénticas de oportunidades para llegar a un cargo de elección popular, razón por lo cual las listas deben estar conformadas de forma alternada por igual número de mujeres que de hombres. Este es un gran progreso dentro de los derechos de la mujer, pues durante la aciaga época de la partidocracia falocéntrica fue relegada a mera figura decorativa.
Parece ser que a Roberto Aguilar le molesta ver una Asamblea dirigida por mujeres, las cuales por méritos propios obtuvieron la votación más alta a nivel nacional y por ende es lógico que sean ellas quienes ocupen los cargos directivos. Se queja amargamente de que esto ya estaba definido, ¿qué de malo hay en ello? si las reuniones previas a la instalación de la Asamblea fueron de dominio público, nunca se pretendió esconder el hecho de que hubo un consenso previo para que sean Gabriela Rivadeneira, Rosana Alvarado y Marcela Aguiñaga las encargadas de tomar las riendas.
¿Acaso el señor Aguilar no recuerda los vergonzosos congresos de la partidocracia, donde la elección de autoridades parlamentarías servía de pretexto para el amarre y chantaje? Ir a la Asamblea con las dignidades definidas fue lo más coherente, se gana tiempo valioso para que los asambleístas empiecen a trabajar de inmediato y se evitan luchas de poder.
No contento con demostrar su misoginia, el cronista también exhibe su proverbial racismo. Para referirse a los asambleístas afroecuatorianos Iván Hurtado y Agustín Delgado, lo hace a través de una deformación de sus apodos de cuando eran futbolistas profesionales: “Tines” y “Bambanes”. El no tratarlos por su nombre es una forma grosera de minimizarlos. Los asambleístas de origen indígena –siempre y cuando pertenezcan al partido de gobierno- también son tratados con desdén.
A lo largo del artículo, ningún asambleísta opositor es tocado por su veneno, todos son santas palomitas y futuros mártires. Si no le gusta la composición de la actual Asamblea, no es culpa de nadie. Llegaron las personas que recibieron el apoyo del pueblo ecuatoriano y punto. De eso se trata la democracia, no de darle gusto al señor Roberto Aguilar.
Por todo lo antes expuesto, por su obsesión insana hacia la moda y su habilidad para reproducir prejuicios ofensivos, le recomiendo a Aguilar que sea sincero consigo mismo y busque trabajo en “Vamos con todo”, “En Corto” o algún otro programa de chismografía y farándula.
Al lado de Angelo Barahona o Kiki Pérez conformaría una dupla temible en el momento de hablar sobre lo fashion, banal y lanzar veneno cual comadres resentidas, pues está claro que mientras dure el actual proceso político, las crónicas de Roberto Aguilar solo se dedicarán a eso.






















